Desde niño, el arte fue mi refugio. Pasaba horas dibujando sobre cuadernillos improvisados con hojas desechadas de la oficina de mi padre.
Experimentaba con cualquier material que encontraba, desde tinta de estilográficas hasta pinceles que mi madre me fabricaba con mi propio pelo.
Sin darme cuenta, en aquellos momentos de juego estaba descubriendo mi verdadero lenguaje: el de la pintura.
Mi camino no fue directo al arte. La vocación de maestro me llevó primero a la educación, donde encontré otra manera de expresar y transmitir. Pero la pintura siempre estuvo ahí, esperando su momento.
Mientras enseñaba, también aprendía, hasta que decidí formalizar mi formación en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid.
Desde entonces, cada obra es el resultado de una vida entre la enseñanza y la creación.
Pintar para mí es más que una técnica, es una forma de recordar y de interpretar el mundo. Trabajo principalmente con acuarela, grafito y óleo, explorando la transparencia del agua, la fuerza del trazo y la profundidad del color.
Vivo en Manzanares el Real, un entorno natural que inspira mi obra, donde la luz y la textura de la sierra dialogan con cada pincelada.
Hoy sigo pintando con la misma voracidad de aquel niño que dibujaba en cualquier papel. Cada trazo es un intento de capturar la esencia de un instante, de una emoción o de un paisaje interior.
Mis obras buscan conectar con quien las observa, generar un diálogo silencioso que trascienda el tiempo.